Chiva Pie Tute y Guá


A mi vecina le regalaron un juego de canicas el día que compró el piso, y fue su regalo de bienvenida por haber llegado a los 60 y tener casa propia. Lo mejor de todo es que ella se sentía como una niña pequeña, incluso me dejó un mensaje en el buzón con una nota que ponía-  mi regalo de bienvenida , me hacían mucha falta- 

Volvió a su infancia a la velocidad de la luz, un soplo de juventud rodeó su cuerpo y la prisa de la edad hizo que las colocara estratégicamente en el pasillo. “Chiva”, decía su marido. “Pie” – dijo ella- al lanzar la canica,  mientras acomodaba sus posaderas en el suelo para poner el pie con sus más de siete mil terminaciones nerviosas. Mientras, su marido, un poco más mayor que ella,  la miraba con los ojos de la paciencia y el deseo que dan los años; deseando acortar las distancias para darle el “Tute” y chocar con la siguiente canica que se reflejaba como un imposible a su edad. Después de estar un rato pensativo,  colocó su dedo índice en el punto exacto, suavemente y con mucho tino consiguió darle a la canica de su mujer, que al igual que sus ojos era de azul petróleo. Los dos se miraron de nuevo y al cruzar sus sonrisas en un profundo universo de recuerdos decidieron dar el toque a sus dos canicas a la vez para llegar al “Guá”. Y llegaron a la vez formando una perfecta espiral áurea y se que  permanecieron inmersos en aquel agujero de colores en un tiempo que yo percibí como el silencio del más puro placer.
El largo pasillo se había vuelto mágico en cuestión de minutos.  Con solo unas canicas de cristal sencillo habían conseguido amarse desde el recuerdo de la adolescencia. Lo siguiente fue que me despertaron, y es cierto  que estaba durmiendo profundamente en el piso de abajo hasta que todas las canicas se desparramaron por el pasillo como un tsunami y el peso de sus cuerpos rodando con ellas.
Un pensamiento de admiración pasó por mi mente durante unos segundos:  yo también quería ese juego de canicas para jugar y llegar al “Gua” como lo hicieron ellos. Abrí el cajón de la mesita de noche y solo unas bonitas bolas más contemporáneas me hicieron deshacerme de ese pensamiento.
Cada generación tiene sus juegos para recordarse.

#jugandoalascanicas

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